viernes, 22 de mayo de 2009

Divina soledad



El paraíso tatuado de luminosas estrellas,
con la luz del sol lo llame implorando mi redención,
en el infierno de la vida quedaron mis tristezas
y caminando en un cementerio caí en la tentación.

Al divino fondo del melancólico panteón de espíritus,
mi somnolienta mirada capto una triste lapida congelada,
llena de enredaderas de espinas con sangre coagulada,
olvidada por las almas oscuras de la noche abrigada.

“Y mi ritual se elevo al cielo,
dios escuchaba mi llamado,
pero jamás me dio consuelo
y en esta cripta ahora esta encerrado...”

Pobre tumba satinada de dolor,
abandonada en el olvido de la fe,
tan extrañamente vacía de amor
y tan ambigua como lo es la misma religión.

Cuerpos descompuestos a su alrededor,
con caras pálidas y tristes de desilusión,
fueron asesinados por el divino ardor
de esa cruz de maderos que representa su terror.

Cristo me provoca una dulce y tierna lastima excitante,
me apasiona la sangre de Cristo escurriendo en la madera,
envidio la cara de dolor con que es plantado
por estos pintores que solo muerto lo imaginaron.

“Y seguí rezando
y me siguió ignorando...”

Las tinieblas rodearon la lastimosa cripta,
camine entre los esqueletos que la custodiaban,
me hinque en la seca tierra, mis lagrimas derrame
sin saber a quien lloraba y porque dolor no me incitaba.

Pude distinguir una antigua inscripción,
parecía tener sangrientos millones de años,
y sollo amargas y vacías palabras de amor
que endurecieron mi corazón:

- Aquí yacen los restos del rey de los pobres,
creador de lo visible y lo invisible
el Dios bienaventurado perdonador de entes
matado por la soledad-

“la soledad se apodero de mi maligna alma,
los recuerdos pasaron como aves negras,
que devoraron mis rezos con sucia calma
y este dulce y sutil dolor me lleno de risas”